Durante algunos veranos estuve como voluntario en Bolivia, Ecuador y Paraguay. Debo decir que cuando sales de aquí te crees que vas a salvar el mundo. La realidad se impone y recibes mucho más de lo que das. Mucho más que cuando abandonaste tu país.

A menudo pensaba, sobre todo en Bolivia, que me gustaría que mis alumnos pasaran una semana allí para tomar conciencia de la burbuja en el interior en la cual vivimos los europeos. El frío, sin estufa o casi, la higiene, sin jabón y sin agua o casi, el transporte, sin carreteras o casi, el intentar vender algo por la calle, economía informal, sin que casi nadie te compre, hambre de todo sin poderla saciar. En Santa María de Fe, también en Paraguay, unas encantadoras religiosas de la Compañía de María te explican cómo ayudaron a unas mujeres del pueblo, explotadas por una potentada del lugar, a independizarse y elaborar artesanías primorosamente bordadas. Tantas experiencias que sería imposible narrar en cuatro líneas.

Desde aquí quiero invitar, a quienes leáis estas líneas, a participar en una experiencia de voluntariado, por lo estimulante que resulta y por la capacidad que tiene de abrirte los ojos y la conciencia a la realidad del mundo. Supone una experiencia de conversión.

Joaquim Alsina

FISC-Catalunya

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