Ya se conoce el fallo del jurado internacional del concurso internacional de FISC-ODNs, 2019, modalidad de ensayo sobre la pregunta: ¿Podremos vivir juntas personas diferentes?.
A la fase final llegaron 37 ensayos, de 510 seleccionados previamente. Estos 37 ensayos son de los colegios de la Compañía de María de Colombia, México, Brasil, Argentina, Albania, Italia y España.
Y de estos 37, tres han sido seleccionados como medalla de oro (finalistas-Colombia, nº 8 y Brasil, nº 30 y 33), tres como medalla de plata (mención especial-Colombia, nº 7 y España, nº 15 y 29 de Logroño y Puente Genil, respectivamente), el resto, 31 participantes, con medalla de bronce, recibirán un certificado.

Hoy os invitamos a leer a Isabela Ramírez con su ensayo medalla de oro «Derribar muros, construir puentes.»

¿Cómo construir puentes a pesar de la debilidad de las bases?

A lo largo de la historia se han destacado sucesos de intolerancia y violencia hacia la minoría, hacia el diferente, hacia el débil, hacia el incomprendido. Guerras y masacres injustificadas que nos debilitan como colectividad. Todo esto por el egoísmo de algunos que prefieren dar muerte al pensamiento del otro, porque “el propio sí y solo (a)sí” es el correcto. El verdadero problema es la falta de diálogo. Este último nos encamina a la coherencia y al respeto por el otro, por su dignidad y derechos. Somos seres sociales que necesitamos de la diferencia para crecer y desarrollarnos.
En la sociedad en que vivimos nos encasillan por la religión, el sexo, la raza o la ideología; nos reiteran que no hay nadie igual a nosotros en el mundo, y nos enseñan a criticar y a señalar aquello que para nosotros está fuera de lo común. Como sociedad, la diferencia nos asusta y nos hace cuestionar, pese a ello, debemos cooperar para alcanzar un bien común y una sana convivencia.
¿En qué momento las diferencias se convirtieron en un obstáculo para nuestra correlación como humanidad?
Producto de aquella imposición de la idea de poder y jerarquía a lo largo del tiempo, es difícil cambiar de mentalidad a una inclusiva y equitativa. Ese poder que tenía cierto ser humano sobre otro delimitaba sus derechos, su honra y su valor como persona, esto ocurría por una educación llena de intereses ajenos a una sociedad justa y semejante, o en otras palabras, por una mala educación. La formación cumple un papel fundamental dentro del objetivo de vencer las barreras y las extensas brechas que se encuentran entre las personas. Una visión clara y amplia permite un allanamiento de esta realidad social en la que nos encontramos todos inmersos. Si el siglo XXI ha sido una era de cambios tecnológicos y científicos, ¿por qué no sociales?
Las diferentes culturas permiten un intercambio muy interesante de formas de pensar y actuar, generan una percepción de empatía y, por lo tanto, de aceptación. Estos valores nos mentalizan de la necesidad de crear un mundo de mayores posibilidades y oportunidades con base en una interacción sensible entre las personas. El ser humano es efímero, es frágil, y por ende parcialmente dependiente. Gracias a esto, puede palpar el dolor, las necesidades, las miserias. A partir del conocimiento de sus propias debilidades hallará afinidad con las del otro.
La diversidad suscita un entorno interactivo, común y participativo en el cual las personas son llamadas a “ponerse en los zapatos del otro” y encontrar la belleza en la diferencia y en aquello que nos hace únicos. Esa necesidad de entender al otro parte principalmente de un discernimiento propio previo que nos ayuda a sobrellevar las diferencias. Según Ralph Nichols: “La más básica de las necesidades humanas es entender y ser entendido. La mejor forma de entender a la gente es escucharla”. La ciencia de la tolerancia es la escucha y el diálogo. La comunicación. Una vez se esté dispuesto a atender la diferencia se encontrará sentido en aquello que es expuesto y en las causas de ese “pensar distinto”.

Isabella Ramírez Córdoba
Colegio La Enseñanza-Medellín (COLOMBIA)